Alberto Gómez Vaquero

Editorial: Carpe Noctem

Año de publicación original: 2025

Envidio a quienes escriben sencillo porque, en el fondo, es lo más difícil. Un ejemplo: "Le desespera no saber aún quién es, no haber tomado forma, sentirse como un líquido que se adapta cada vez al recipiente donde lo vierten, sin lograr nunca la solidez del hielo, su imperturbable frialdad. Le duele arder y que nadie lo vea, que incluso lo consideren feliz".

"Le desespera no saber aún quién es. Le duele arder y que nadie lo vea"

El fragmento es de Cuando el río vuelva, una muestra de que la sencillez, bien utilizada, puede ser la mejor herramienta para escarbar en las contradicciones del alma. Su autor, Alberto Gómez Vaquero, no reinventa nada con esta obra, una historia de iniciación en un pueblo de la España ruralde los 90. Y tampoco importa. En ocasiones, con oficio y honestidad es suficiente para escribir una buena novela. Y esta lo es.

Una adolescencia desconcertante

Como en todos los pueblos, a cada uno le toca cargar con la identidad que se le asigna. No queda otra. Al narrador de esta historia, un adolescente amante de la lectura y la escritura, sus amigos le cuelgan el sambenito de empollón y chico raro. Su lugar favorito es la biblioteca del colegio, y su profesor de Lengua, la persona que colmará sus inquietudes a base de libros.

Gabriel García Márquez, Jack London, Gustave Flaubert o Herman Hesse pasarán por sus manos, mientras él solo piensa en huir del pueblo. Reventar la "burbuja de puritanismo" en la que le han criado sus padres y marcharse de ese pedazo de tierra anclado en el pasado. "Como el Ulises de la Odisea, desea ser un forastero en todas partes, incluso allí, cuando pasados los años regrese y ya no quede nadie para reconocerlo. Solo cenizas de lo que un día fue él, de su infancia baldía", leemos.

El protagonista, un adolescente enamorado de la lectura, vive en un profundo estado de desconcierto y melancolía

Desde las primeras páginas queda claro que esta es una novela sobre el desconcierto de un joven inmerso en un profundo estado de melancolía que le lleva incluso a fantasear con la idea de dejar de ser: "A veces se echa bocarriba en la cama, cruza los brazos e intenta no pensar ni sentir nada, acercarse así a la quietud de la muerte".

Es un bicho raro, se siente incomprendido y no encaja en su familia. No es de extrañar que se lea de un tirón La metamorfosis de Kafka y se vea como el hermano de Gregor Samsa. Porque esta es también la historia de una transformación.

Un torbellino de deseo y excitación

El protagonista choca con un mundo complejo, el de los adultos, que es incapaz de descifrar. Ya no es suficiente con acudir al diccionario Larousse, como hace cada vez que escucha una palabra nueva. No hay libro que le explique lo que siente por su amiga Rebeca. Tampoco entiende la curiosidad que le produce su amigo Gonzalo, y los años de catequesis le impiden actuar con la naturalidad que desea. Sabe que Dios lo ve todo. O eso le han dicho.

'Cuando el río vuelva' es el desesperado viaje de autodescubrimiento de un chaval que solo desea encontrarse a sí mismo

Pero ni Dios es capaz de frenar la explosión de hormonas que se produce en la segunda parte de la novela, un despertar sexual que envuelve al protagonista y sus amigos en un torbellino de deseo y excitación. Y también de la confusión propia de la adolescencia, tan bien plasmada en estas páginas.

Cuando el río vuelva es el desesperado viaje de autodescubrimiento de un chaval atrapado en una adolescencia no deseada. Por el camino se cruzará con la tristeza, la culpa, la soledad, la enfermedad y la adicción. Un tierno y doloroso trayecto de alguien que, sencillamente, solo desea encontrarse a sí mismo.

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