Desirée Ruiz

Editorial: N de Novela

Año de publicación original: 2025

Elisa no puede más. Desde que murió su esposo, Dani, y descubrió que se había jugado todo lo que tenían en casas de apuestas, trata de sacar a su hija adolescente, Maya, adelante. Limpia casas pero con un aumento en el precio del alquiler en ciernes, no le queda otra opción que irse a vivir a casa de su suegra, el único pariente que las puede acoger.

La Casa de las Amapolas le sirvió de refugio a Flora cuando su hija Aurora y la amiga de esta, Blanca, desaparecieron

Flora, la suegra, vive aparatada del mundo en una casa llena de flores en la Sierra de Albarracín, en Teruel. La Casa de las Amapolas le sirvió de refugio hace 20 años, cuando su hija pequeña, Aurora y la amiga de esta, Blanca, desaparecieron sin dejar rastro en una excursión con amigos por la zona.

Desde entonces, Flora ha llevado el peso del dolor en su carácter, pero eso no le ha impedido acoger en su casa a diferentes mujeres que han sufrido en sus vidas. Dos de ellas, Silvia y Olga, con oscuros pasados, se han quedado a vivir con ella.

El peso del pasado

Cuando Elisa y Maya llegan a la Casa de las Amapolas, la joven se da cuenta muy rápido de que la tirantez que existe entre su madre y su abuela va más allá del dolor común por la muerte de su padre. Algo hay en su pasado que les lleva a enfrentarse. Heridas sin cerrar tapadas por paladas de años.

Maya irá avanzando a tientas por los años más oscuros de su familia, de la mano de las mujeres que la precedieron

Y no tiene más que rascar levemente para entender que todo está relacionado con la desaparición de Aurora. Su tía, según cuentan quienes la conocieron, fue una joven especial, tremendamente inteligente y sensible, que siempre vestía de blanco y adornaba su cabello con flores. Y aunque la relación que tenía con su madre no era ideal, su desaparición sumió a Flora en una tristeza profunda.

Liberada del peso del pasado, Maya irá avanzando a tientas por los años más oscuros de su familia, de la mano de las mujeres que la precedieron. Y a cada paso se dará cuenta de que tanto su madre como su abuela saben mucho más de lo que jamás le han contado. Y tendrá que desenredar los hilos de sus conciencias para entender qué ocurrió en realidad hace 20 años en la Casa de las Amapolas.

Un lugar, por cierto, que funciona aquí casi como un personaje más, pintado con todo detalle por las palabras de Desirée Ruiz.

Un misterio poético

Y es que La Casa de las Amapolas está escrita con una prosa detallista y un punto lírica, que dibuja una profunda niebla en la que el lector no tendrá más remedio que adentrarse. Un misterio familiar plagado de aristas y giros que habrá que ir recorriendo página a página, encontrando claves en cada conversación, en cada paisaje.

Desirée Ruiz es capaz de transportarnos con las palabras a la sierra de Albarracín, que tiene vida propia en esta historia

Porque Desirée Ruiz, que conoce muy bien la tierra de la que habla, es capaz de transportarnos con las palabras a una sierra que tiene vida propia en esta historia. Un terreno abrupto y boscoso, plagado de riachuelos y lagunas, donde perderse es sencillo para alguien de la zona y mortal para un excursionista.

Desde que ganó el I Certamen de Relato Corto Bohodón en 2009, esta profesora decidió seguir su pasión y publicó relatos, microrrelatos y en 2015 su primera novela, Ofelia descalza(Hades editorial, 2015). Un camino que continuó con El silencio acuna pesadillas(Hades editorial, 2020) y Villa Melania(Espasa, 2023).

La Casa de las Amapolas es su cuarta novela. Un libro tan tierno como emocionante, donde la poesía que destilan las descripciones del paisaje contrastan con la tensión que aumenta según avanza la trama.

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