La flexibilización de los criterios diagnósticos podría haber llevado a interpretaciones excesivamente laxas por parte de algunos profesionales. Esto, combinado con las corrientes de pensamiento actuales, podría estar influyendo en el notable aumento de casos diagnosticados, según la la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP),
Síntomas clave y detección temprana
Los síntomas del TEA pueden ser detectables de manera significativa entre los 18 y 24 meses de edad. Es esencial prestar atención a signos como:
•Regresión en habilidades previamente adquiridas, donde el niño pierde capacidades que ya había desarrollado, con una recuperación lenta.
•Dificultades en la comunicación verbal, limitando las posibilidades de interacción con los demás.
•Problemas en la interacción social, como la ausencia de empatía y dificultades para reconocer el 'yo' propio y el de los demás.
•Patrones de conducta repetitivos o inflexibles, caracterizados por comportamientos estereotipados y restringidos.
Importancia del diagnóstico profesional
El diagnóstico del TEA debe ser realizado por profesionales sanitarios con formación en neurodesarrollo, como los neuropediatras. Aunque existen herramientas y cuestionarios de evaluación, la observación clínica y la entrevista con la familia son esenciales para un diagnóstico preciso.
Además, se recomienda la realización de pruebas complementarias, como electroencefalogramas, resonancias magnéticas y estudios genéticos, para identificar posibles causas subyacentes y ofrecer una atención más personalizada.
Tratamientos y calidad de vida
Las intervenciones terapéuticas tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de los niños con TEA y sus familias, además de favorecer su desarrollo neurológico para optimizar la funcionalidad y adaptación social. La detección temprana y el acceso a terapias adecuadas son clave para mejorar el pronóstico y la integración de los niños en la sociedad.