Historia de los Oscars
Las ganadoras del premio Oscar a Mejor película más infames de la historia
Cuando el dinero, la influencia o los gustos conservadores de la Academia pueden más que la calidad artística. Repasamos aquellos films que, contra todo pronóstico (e incluso la lógica) se llevaron un inmerecido Oscar a Mejor película.

Los gustos de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de Estados Unidos son inescrutables. Sólo así uno puede explicarse que algunas de las películas más grandes de la historia, como 'Ciudadano Kane', 'El tercer hombre' o 'Pulp Fiction' (por sólo citar a tres), se quedaran sin su premio Oscar a Mejor película en favor de notables (pero inferiores) largometrajes como 'Qué verde era mi valle', 'Eva al desnudo' o 'Forrest Gump'.
Sin embargo, éstos no son los ejemplos más flagrantes de cintas mediocres que, sin llegar a la categoría de bodrios, se alzaron con la estatuilla cuando había otras mejores. Con la ceremonia de los Premios Oscars 2025 a la vuelta de la esquina, reunimos las que, desde nuestra humilde opinión, son las 10 peores (o más injustas) ganadoras del máximo premio que otorga la industria del cine.
Las 10 'peores' películas que ganaron un Oscar
'Crash' (2004), de Paul Haggis
Crash consiguió, para sorpresa del personal (no hay más que ver la cara de Jack Nicholson al leer el sobre), alzarse con el Oscar a Mejor película ante competidoras tan potentes como 'Munich', de Spielberg, o 'Brokeback Mountain' de Ang Lee.
Paul Haggis, reputado guionista, supo combinar sin rubor los ingredientes que tanto gustan a la Academia, véase historias cruzadas, dramas al más puro estilo americano, y temas tan oscarizables como el racismo, la religión o la política en una historia sobre la redención plagada de rostros conocidos que salían de su zona de confort.
Los intérpretes hacían lo que podían con esta película, pura manipulación emocional digna de un melodrama de sobremesa, donde Haggis (que ha admitido que no merecía el premio) demostraba sus nulas tablas tras la cámara con una dirección plana y sin alma. 16 años después, pocos se acuerdan de ella.
'Shakespeare in Love' (1998), de John Madden

Ni el mismísimo William Shakespeare sería capaz de dar crédito a una historia donde 'Shakespeare in Love', aseada pero rutinaria e inofensiva tragicomedia romántica dirigida por John Madden, se alzaba con el Oscar por encima de dos clásicos del cine bélico como 'Salvar al soldado Ryan' o 'La delgada línea roja'.
Sin embargo, esto ocurrió en el año 1998, cuando el infame Harvey Weinstein, en la cumbre de su poder en Hollywood, consiguió rascar hasta siete estatuillas para esta olvidable producción donde un joven Bardo (Joseph Fiennes) en busca de inspiración terminaba encontrándola, como era de prever, en una mujer (Gwyneth Paltrow) con algún que otro secreto.
'El mayor espectáculo del mundo' (1952), de Cecil B. Demille

Lo de las injusticias en los Premios Oscar es algo que lleva ocurriendo desde casi el principio de su existencia. Todavía se recuerda lo que ocurrió en 1953, cuando 'El mayor espectáculo del mundo' se alzó con la preciada estatuilla y ganó a clásicos como 'El hombre tranquilo' o 'Sólo ante el peligro' ('Cantando bajo la lluvia' no estaba ni nominada).
Nadie puede discutirle a Cecil B. Demille su importancia como uno de los grandes de la industria americana, pero también hay que reconocer que este descafeinado drama familiar (con triángulo amoroso) ambientado en el mundo del circo no fue su película más brillante.
'La vuelta al mundo en 80 días' (1956), de Michael Anderson y John Farrow

En 1957, Cecil B. Demille recibió de su propia medicina cuando vio cómo 'La vuelta al mundo en 80 días', entretenimiento familiar protagonizado por David Niven y Mario Moreno 'Cantinflas', se llevaba la estatuilla por delante de 'Los diez mandamientos'.
Cuesta encontrar una explicación (que no implique el soborno) a qué llevó a la Academia a premiar esta cinta de aventuras en un año en el que también competía 'Gigante' y donde 'Los siete samuráis', de Akira Kurosawa, ni siquiera estuvo nominada.
Quizá tuvo que ver el hecho de que 40 de las estrellas más influyentes de Hollywood (desde Marlene Dietrich hasta Buster Keaton o Frank Sinatra) hicieron un cameo en esta cinta que, todo hay que decirlo, tenía un diseño de producción impecable.
'The Artist' (2011), de Michel Hazanavicius

La nostalgia es una poderosa arma. De no ser así, cuesta encontrar una explicación lógica de cómo 'The Artist' consiguió el Oscar a Mejor película.
La cinta de Michel Hazanavicius se convirtió en una de las grandes sorpresas de la historia de estos premios, más por lo arriesgado de la propuesta (película francesa, muda y en blanco y negro), que por la calidad de sus competidoras ('War Horse', 'Midnight in Paris' o 'El árbol de la vida' son buenas películas, pero no obras maestras). La Academia, siempre sensible a las historias de cine dentro del cine, se rindió al recuerdo de épocas pasadas y pasó por alto las muchas deficiencias de un largometraje con encanto, pero intrascendente.
'Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)' (2014), de Alejandro G. Iñárritu
No hay nada que guste más a un académico de Hollywood que una historia de redención donde el protagonista (y quien lo interpreta) es un actor en horas bajas a punto de salir del agujero.
Si a esto añadimos un punto de vista revolucionario y un logro técnico, la estatuilla está prácticamente asegurada, sin importar si el argumento es más o menos coherente o si los movimientos de cámara invitan a cambiar palomitas por biodraminas. 'Boyhood' (que si hablamos de hito cinematográfico, se lleva la palma) se quedó sin estatuilla ante esta película que, si merecía algún Oscar, era el de Mejor actor para Michael Keaton. Y no se lo llevó.
'Paseando a Miss Daisy' (1989), de Bruce Beresford
Imposible discutir el encanto de esta adaptación de la obra teatral de Alfred Uhry protagonizada por una malhumorada jubilada (Jessica Tandy) y su nuevo chófer negro (Morgan Freeman), pero cuesta más defender que esta dramedia familiar de obvia moraleja se alzara con el Oscar a Mejor película por encima de joyas como 'El club de los poetas muertos', 'Nacido el 4 de julio' o 'Mi pie izquierdo'.
Aunque aborda un tema tan espinoso como la cuestión racial en la América sureña, la dirección impersonal de Bruce Beresford restaba enteros a una película cuyos buenos sentimientos (y la completa ausencia de sexo o violencia) cautivó a los (casi siempre) conservadores académicos. Premiar la calidad cinematográfica quedaría para otro año.
'Una mente maravillosa' (2001), de Ron Howard
Con 'Una mente maravillosa', Ron Howard firmaba el que sería el testamento definitivo de su manera de ver el cine, una película de impecable acabado visual y diseño de producción, sólidas interpretaciones y una poco disimulada tendencia a la manipulación emocional del espectador.
En esta ocasión, el biopic de John Nash, que mientras intentaba sentar cátedra en el mundo de las matemáticas tuvo que luchar con la esquizofrenia, no sólo consiguió tocar la fibra sensible del público, también la de los académicos, que se olvidaron de que era una cinta previsible, de códigos narrativos próximos a la obsolescencia, y que edulcoraba una terrible enfermedad mental y le dieron el Oscar para el que fue diseñada.
Era la más oscarizable de las nominadas (la notable 'Gosford Park', la primera entrega de 'El señor de los anillos' y la videoclipera 'Moulin Rouge', entre ellas) y eso fue lo que la llevó al éxito.
'Chicago' (2002), de Rob Marshall
Daría para un programa de Equipo de Investigaciónel caso de los Oscars 2003, cuando películas como 'Gangs of New York', 'El pianista' (de Roman Polanski) o 'Las horas' vieron desde el patio de butacas cómo 'Chicago' recogía el eunuco dorado a Mejor película.
Demasiado premio para el largometraje de Rob Marshall, repleto de espectaculares coreografías (al césar lo que es del césar), pero cuyo poso dramático no daba ni para uno de los estribillos. Eran los años 2000, parece que la Academia tenía mono de premiar a un musical (la última había sido 'Oliver', de la que hablaremos luego) y se decidió por esta lujosa, pero vacía, adaptación del clásico de Broadway.
'Oliver!' (1968), de Carol Reed
Los años 60 habían sido los de 'West Side Story', 'Sonrisas y lágrimas' o 'My Fair Lady', auténticas obras maestras del musical que convirtieron esta década en, posiblemente, la mejor para el género. A ellas se unió 'Oliver!', cinta de Carol Reed que reformulaba, a base de canciones y coreografías, el clásico de Charles Dickens.
Sin ser una mala película, no consiguió pasar a la posteridad como sus coetáneas, quizá por su incapacidad para encontrar el equilibrio perfecto entre el espectáculo familiar y el duro trasfondo del material original. Además, en un año donde '2001: Odisea en el espacio' y 'La semilla del diablo' ni siquiera fueron nominadas, el premio debería haber quedado desierto.