Entrevista
Un operario, informante anónimo, pide a Jalis de la Serna entrar en su coche: "Tiene pavor de las represalias de quienes cultivan marihuana"
No se quita las gafas ni el casco, pide entrar en el coche para la entrevista y ha solicitado al programa que le distorsione la voz. El informante anónimo de Jalis de la Serna, operario de la compañía de la luz, tiene "pavor a las represalias".

"Hemos quedado con una persona que nos ha citado lejos de esta zona (la zona norte de Granada) porque tiene auténtico pavor a las represalias que pueden tener contra él la gente que cultiva marihuana", anuncia Jalis de la Serna en Apatrullando justo antes de que su informante anónimo acceda al vehículo en el que el periodista llega a este recóndito lugar. No se quita ni las gafas ni el casco. También pide que le distorsionen la voz. "Trabajamos en zonas de riesgo, zonas conflictivas y las fuerzas de seguridad nos obligan a todos los operarios a taparnos los rostros", explica.
A menudo, sus servicios son requeridos para la detección de fraudes y de los enganches ilegales a la luz. "De todos los transformadores de Granada, que hay mil y pico, 18 solo tiene casi el 98% de las incidencias y están ubicados en la zona norte", desvela al periodista. Además, asegura que casi el 90% de las averías están relacionadas con el cultivo de plantaciones de marihuana.
"Un cultivo suele suponer el consumo de unas 80 viviendas, porque necesitan focos, alumbrado un número de horas al día. Además, tienes que mantener una temperatura en esas habitaciones para que florezcan estos cultivos", detalla. Los sabotajes en los enganches de la luz y el elevado consumo producen sobrecargas, incidencias e incendios. "Y la luz se va", añade.
"La potencia que se usa en la zona norte es casi diez veces más de la contratada. Es decir, nuestras redes no soportan esa carga. [...] Es algo que sufren todos los vecinos. Los circuitos se quedan sin suministro por seguridad. Nosotros no cortamos la luz, se corta sola para evitar el riesgo de incendios.
La luz se va todos los días varias veces y los vecinos no pueden hacer más que quejarse, denunciar y presentar reclamaciones. Los operarios pueden llegar a tener que atender estas incidencias unas diez veces al día.