Tras la Segunda Guerra Mundial

España, el refugio silencioso de los nazis: fueron impunes gracias a Franco

Mientras tanto...
Desde altos oficiales de las SS hasta colaboradores del Holocausto, vivieron con total impunidad en España, construyendo fortunas y manteniendo activa su ideología, mientras Franco desoía las peticiones de extradición de los aliados.

España, el refugio silencioso de los nazis: fueron impunes gracias a Franco

Josef Mengele, el 'Ángel de la Muerte' de Auschwitz, uno de los médicos más sádicos del Tercer Reich, es sin duda uno de los nombres más aterradores de la historia del nazismo. Responsable de realizar experimentos inhumanos en miles de prisioneros, su figura ha quedado marcada para siempre por el horror.

Sin embargo, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Mengele nunca enfrentó juicio ni condena. Durante décadas, vivió tranquilo, camuflado en varios países, siendo uno de los refugiados más notorios del régimen nazi. Entre esos países se encontraba Argentina, donde el médico nazi encontró un refugio seguro, protegido por una red que permitió la impunidad de muchos como él.

Recientemente, el presidente argentino, Javier Milei, ha anunciado una histórica decisión: desclasificará todos los documentos relacionados con la acogida de nazis en Argentina.

España, el refugio de los nazis bajo el franquismo

En paralelo, España, bajo la dictadura de Francisco Franco, se convirtió en otro refugio crucial para los criminales nazis. Durante la posguerra, miles de miembros de las SS, oficiales de alto rango, y otros implicados en el Holocausto encontraron cobijo en el régimen franquista, que optó por cerrar los ojos ante las solicitudes de extradición de los aliados.

De hecho, no fue solo un pequeño grupo: se estima que, para 1947, alrededor de 40.000 nazis se encontraban en suelo español, viviendo y operando con total impunidad.

Uno de los casos más sonados es el de Léon Degrelle, un líder nazi belga condenado a muerte en su país tras la guerra. Escapó con vida y, tras un accidente aéreo en la playa de la Concha, en San Sebastián, España, se convirtió en su nueva patria. Bajo el nombre falso de José León Ramírez Reina, Degrelle disfrutó de protección total por parte de Franco, quien se negó a extraditarlo a Bélgica.

Vivió en Madrid, Málaga y Torremolinos, donde pudo continuar con su vida sin temor a ser juzgado por sus crímenes. Murió en Málaga en 1994, tras haber vivido décadas en España, sin enfrentar jamás la justicia.

Otro caso relevante es el de Otto Skorzeny, uno de los hombres más cercanos a Hitler, conocido como el 'hombre más peligroso de Europa'. Jefe de comandos de las SS y responsable del rescate de Benito Mussolini, Skorzeny fue protegido por Franco a pesar de su implicación directa en crímenes de guerra.

Tras escapar de los juicios de Nuremberg, se instaló en España en 1950, donde continuó expandiendo el nazismo y su ideología hasta su muerte en 1975. En este periodo, España fue un centro neurálgico de exiliados nazis, donde continuaron operando de manera discreta pero activa.

Los casos no se limitan a estos dos personajes. Numerosos oficiales nazis, desde generales hasta capitanes de las SS, encontraron en España una tierra prometida. Muchos de ellos construyeron auténticos imperios económicos, especialmente en el sector inmobiliario, como fue el caso de algunos oficiales nazis que se instalaron en la costa mediterránea, en ciudades como Denia, donde construyeron vastas propiedades.

No solo sobrevivieron, sino que prosperaron, viviendo tranquilamente en una España que, bajo el régimen de Franco, les ofreció un salvoconducto.

Una red de impunidad

El carácter impune con el que los nazis vivieron en España se muestra en hechos, como los constantes encuentros entre estos criminales de guerra. En restaurantes y clubs selectos de Madrid, muchos de ellos se reunían, compartiendo su ideología y estrechando lazos.

Incluso aquellos que habían cometido los horrores más atroces del Tercer Reich, como los responsables de la planificación de las masacres en campos de concentración, no solo pudieron esconderse, sino que disfrutaron de una vida cómoda. Algunos se retiraron en exclusivos balnearios o vivieron a la sombra de un régimen que los protegió hasta el final.

Además, los aliados realizaron múltiples peticiones a Franco para la extradición de 104 criminales nazis, pero siempre fueron rechazadas. Franco nunca permitió que los responsables del Holocausto enfrentaran juicio en tribunales internacionales. En lugar de eso, los protegió y les permitió vivir en libertad, sin que nadie les cuestionara por sus crímenes.