Luis Soriano fue un colono del franquismo. Tenía siete años cuando llegó al Temple. Era un pueblo en construcción: "Aquí había obreros por todos lados. Primero hicieron la casa para los administrativos e iban haciendo el pueblo poco a poco". La dictadura les había adjudicado lo que llamaban un 'lote'.
"Nos adjudicaron la tierra, un par de vacas de labor, que fueron a comprarlas a Soria, y una casa", recuerda. Luis guarda todavía la libreta de colono de sus padres: "El carro para vacuno valía 3.500 pesetas". El Franquismo vendía que el dictador regalaba aquellas tierras, pero en realidad eran un crédito a cambio de trabajo.
"Era pagar en 25 años la tierra y la casa en 40 años. Cuando cogías la cosecha, se quedaban la mitad ellos para ir amortizando buenamente lo que podía", explica Luis, y matiza: "Fue una cosa buena, pero ningún regalo, porque se fueron 45 colonos de aquí. No había mucho donde elegir. El que no picaba no salía adelante".
La reforma agraria del Franquismo no era solidaria, pese a que así quisieran venderlo en el NO-DO. "Hay quién dice que Franco nos dió este pueblo, y yo digo que si hubiera sido de él no nos lo hubiera dado", concluye Luis

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