EL SEDENTARISMO LO AUMENTA
La actividad física reduce el riesgo de demencia, trastornos del sueño y otras enfermedades
"Nuestro estudio destaca el papel de la actividad física y el comportamiento sedentario como factores modificables que pueden mejorar la salud cerebral", señalan los autores.
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Cada vez son más, afortunadamente, los estudios que señalan los beneficios del deporte en nuestra salud física y mental. Ahora un nuevo estudio, presentado en la Reunión Anual de la Academia Estadounidense de Neurología, muestra evidencias que las personas que realizan una actividad física moderada o intensa pueden tener menos probabilidades de desarrollar demencia, accidente cerebrovascular, ansiedad, depresión y trastornos del sueño.
Lo interesante es que las conclusiones también mostraron el resultado opuesto: cuanto más tiempo pasaban las personas sentadas, más probabilidades tenían de desarrollar una de estas enfermedades.
"Esta investigación destaca el papel de la actividad física y el comportamiento sedentario como factores modificables que pueden mejorar la salud cerebral y reducir la incidencia de estas enfermedades – señala la líder del estudio, Jia-Yi Wu -. Es prometedor pensar que alentar a las personas a realizar estos cambios en el estilo de vida podría reducir potencialmente la carga de estas enfermedades en el futuro".
El equipo de Wu recurrió a una base de datos del Reino Unido, que les permitió analizar la información de 73.411 personas con una edad media de 56 años que llevaron dispositivos acelerómetros de forma continua durante siete días para medir su actividad física, la cantidad de energía que utilizaban en sus actividades y el tiempo que pasaban sentados cada día. Para medir el gasto calórico se utilizaron equivalentes metabólicos (MET, la relación entre la masa de una persona y su gasto de energía).
La actividad física moderada a intensa se definió como actividades con un gasto energético de al menos tres MET, donde caminar o limpiar suponía tres MET y el ejercicio más intenso, como montar en bicicleta, podía rondar los seis MET, dependiendo de la velocidad. Las personas que tenían un gasto energético de actividad física moderada a intensa tenían entre un 14% y un 40% menos de probabilidades de desarrollar las cinco enfermedades mencionadas que las que tenían un gasto energético menor, dependiendo de su nivel de actividad.
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Las personas que no desarrollaron ninguna de las enfermedades tenían un gasto energético diario medio de actividad física moderada a vigorosa de 1,22 kilojulios por kilogramo, en comparación con 0,85 para las personas que desarrollaron demencia, 0,95 para quienes desarrollaron trastornos del sueño, 1,02 para el ictus, 1,08 para la depresión y 1,10 para la ansiedad.
Cuanto más tiempo pasaban las personas sentadas, mayor era su riesgo de desarrollar una de las enfermedades, con un aumento que oscilaba entre el 5% y el 54% más que entre quienes pasaban menos tiempo sentados.
Y esto es muy importante porque, si bien sabemos que la actividad física mejora la salud, el sedentarismo la empeora: no hacer actividad física no mantiene los niveles de salud mental, los empeora.
De acuerdo con un estudio realizado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el sedentarismo influye negativamente incrementando el riesgo de ansiedad, depresión y niveles más bajos de bienestar emocional en diversas poblaciones y en todas las edades. "La acumulación de grandes cantidades de tiempo sedentario – señala el estudio -, también se ha vinculado con trastornos del sueño, que con frecuencia comparten espacio con problemas de salud mental". Lo destacable del informe del NIH es que, mientras la mayoría de los estudios se realizan en personas mayores de edad y que llenan un cuestionario sobre sus rutinas (algo que no constituye una información fiable), las conclusiones del NIH se basan en dispositivos que miden calorías, distancias e intensidad de la actividad física. Algo que comparte con el análisis del equipo de Wu.
"Algunos estudios previos basaron sus conclusiones en información de la actividad física que daban los propios voluntarios – añade Wu -. Con nuestro gran número de participantes y el uso de dispositivos que proporcionan mediciones objetivas de los niveles de actividad, estos resultados tendrán implicaciones para evaluar los factores de riesgo y desarrollar intervenciones para prevenir el desarrollo de estas enfermedades".
Eso sí, hay que tener en cuenta que el estudio tuvo una limitación: el 96% de los participantes eran personas blancas, por lo que los resultados pueden no aplicarse a otros grupos.
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