CATEDRALES
Catedral de Zamora: su origen y por qué se ha convertido en un símbolo de la ciudad
Viajamos hasta la ciudad de Zamora para conocer todos los detalles de su impresionante Catedral.

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Es el momento más que perfecto para poner rumbo a Zamora, una de las ciudades más sorprendentes y con más encanto de Castilla y León. Allí encontramos un gran número de monumentos y construcciones que no dejan absolutamente indiferente a nadie. Un claro ejemplo es su impresionante Catedral. Dedicada al Salvador, forma parte del Románico del Duero, siendo la más pequeña y antigua de las que podemos encontrar en Castilla y León.
A principios de septiembre de 1889, este templo fue declarado Monumento Nacional por Real Orden. Presenta una planta de cruz latina con tres naves de cuatro tramos. En el crucero encontramos un espectacular cimborrio con un tambor de 16 ventanas, sobre el que se erige una sorprendente cúpula de gallones donde se aprecia la influencia bizantina. El paso del tiempo ha hecho posible que estemos, como no podía ser de otra manera, ante un gran símbolo para Zamora.
La Catedral de Zamora, a través de su historia
La construcción de este templo se le atribuye al obispo Esteban y se erigió, a buen seguro, sobre los restos de uno anterior, junto al castillo. Las obras de esta Catedral fueron sufragadas por el Rey Alfonso VII de León y su hermana, doña Sancha Raimúndez. Eso sí, hay que tener en cuenta que no se sabe con exactitud las fechas de su construcción.

De forma tradicional, se presupone que la fábrica se alzó entre los años 1151 y 1174, por lo que se puede apreciar en un epígrafe situado en el extremo norte del crucero. En él se puede leer lo siguiente: “Esta casa se hizo sobre la salomónica que la precedió. Aquí añadid la fe. Y esta casa sucede a aquella por su magnificencia y coste. Se realizó en veintitrés años desde que se cimentó. Se consagró con la ayuda del Señor el año MCLXXIII, teniéndose a Esteban por su constructor”.
A pesar de todo, ciertos análisis han corroborado que al menos la cimentación ya estaba en 1139, en época del obispo Bernardo. Es más, a su muerte, ya estaban construidas la cabecera, la nave meridional y la portada de ese lado, ya que el obispo fue enterrado en el lado sur. La continuación de estas obras correspondió a Esteban, que posteriormente la consagró en 1174.
Pero no todo queda ahí, ya que Guillermo, su sucesor, se encargó de erigir no solamente el transepto sino también el cuerpo de la iglesia, puesto que el claustro y la torre se construyeron en el primer tercio del siglo XIII.
El hecho de que las obras se llevaran a cabo en un relativo corto espacio de tiempo hizo posible que esta Catedral tuviera un estilo bastante distinto a las que tenían por aquel entonces. Al fin y al cabo, era evidente la austeridad decorativa, algo que era más propia de lo cisterciense que de otros templos de la misma época en la península.

Capilla de San Bernardo, una de las grandes joyas de la Catedral de Zamora
Fue fundada por el obispo Alfonso Fernández de Valencia, bisnieto de los Reyes Alfonso X y Sancho IV de Castilla, a mediados del siglo XIV. El objetivo no era otro que utilizarlo como panteón privado. A su muerte en 1365, fue sepultado en este lugar. A principios de enero de 1421, se le concedió el patronato de la capilla a Juan de Valencia, mariscal de Castilla y sobrino del obispo fundador.
Desde 1835, en esta Capilla se venera al Cristo de las Injurias, que acabó en este templo desde el ya desaparecido Monasterio de San Jerónimo de Zamora, como consecuencia de la histórica Desamortización de Mendizábal. Cabe destacar que, durante la Guerra de la Independencia española, la Imagen estuvo a punto de ser quemada por los franceses pero, por fortuna, fue rescatada por Martín Pérez de Tejeda.
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