Donald Trump ha destruido a VOX. Los ha reventado. Pobres fachas, justo en el momento dulce que vivían aprovechando la ineptitud del PP y capitalizando su inteligente estrategia de salir de los gobiernos para hacer de la inmigración su bandera racista. Un momento de impulso que habían conseguido estirar con la tragedia de la DANA y la instrumentalización del títere de Carlos Mazón por su negligencia presuntamente criminal ha quedado sepultado por el hombre naranja y su locura arancelaria. Con lo felices que se las prometían después de haber conseguido como un experto ventrílocuo que el ninot de El Ventorro hablara como el primer barón autonómico de Abascal. El documento interno de los ultras en el que se intenta instruir a todos los miembros de VOX para desmarcarse de los aranceles sin criticar a Trump es una evidencia de que en Bambú son conscientes del tremendo daño que puede hacerles, pero no hay manera de que lo eviten sin ser vistos como los quintacolumnistas de Trump en España. Y ya es tarde para eso. Lamer botas puede dejar un regusto amargo.

Todos aquellos líderes que acudieron serviles y genuflexos a la toma de posesión de Donald Trump no podían anticipar que comenzara una guerra comercial contra sus propios países afectando de manera severa a la economía de aquellos que dicen representar. En VOX en especial en sectores muy importantes que capitalizan como el agropecuario. El nerviosismo por las consecuencias de las decisiones de Trump se ha visto en su intento, ridículo y sobreactuado, de culpar a todo el mundo menos a Trump de las decisiones de Trump. Se huele el miedo, Santiago.

Esa imagen ridícula de Abascal levantándose y tocándose el pecho emocionado después de que el presidente de EEUU intentara decir su nombre con escaso éxito le va a acompañar con cada puesto de trabajo destruido por la política arancelaria de su valedor. Los agricultores, los olivareros, los productores vinícolas, ya saben a quién exigir cuentas cuando vean una banderita verde de VOX haciéndose pasar por defensor de sus intereses. Soy consciente de que habrá mucho alienado que seguirá comprando la mercancía averiada de VOX mientras la suya se le pudre por no poder darle salida, pero esos se merecerán la ruina que tengan. Que los jodan.

En el caso de Javier Milei ha sido aún más escandaloso el fracaso de su servilismo. Su modo de proceder viajando cada mes a EEUU para conseguir algún tipo de favor del magnate americano llegando prácticamente a ofrecer regalada la empresa de telecomunicaciones argentina a Elon Musk no ha servido para recibir ningún trato de favor con respecto al resto del mundo. Los aranceles de Argentina han sido los del 10% de manual que ha recibido cualquier país de manera generalizada. Brasil, con Lula, enemigo acérrimo de Trump, ha recibido el mismo arancel y manteniendo la dignidad. La humillación no ha sido completa hasta que el propio Javier Milei ha comenzado a difundir mensajes de manera desaforada en su cuenta de X intentando explicar que es una medida antiproteccionista porque impone más aranceles a los países más proteccionistas y por eso es un liberal convencido. No hay que reírse demasiado de un señor que habla con perros muertos a través de una médium, está feo. Como dice el amigo Matias Colombatti, Javier Milei es la mascota de la derecha internacional. Lo cierto es que vender patrias no es algo propio de la extrema derecha española, es un hecho común que une a todos aquellos que están deseando que Donald Trump les dé una palmadita en la espalda después de rogarles un trato de favor.

Pero al menos disfrutemos del momento. Tiene que ser jodido llamarte a ti mismo patriota, ser votante de VOX y ver cómo Abascal se arrastra servil ante Trump atentando contra lo que te da de comer y tener que escuchar a Pedro Sánchez cómo te salva el culo con ayudas públicas y un plan estatal de compensación de pérdidas. Al final eso es la justicia social y el progreso, que tenga que venir alguien de izquierdas a salvar de la ruina a los que votan contra sus intereses apoyados en el odio y rescatarlos de su propia estulticia. Los fascistas joden la economía y la izquierda tiene que ayudarlos para que todo siga funcionando. Es lo que hay.