La historia de la vida en la Tierra, desde su origen hasta nuestros días, puede explicarse ahora de manera lineal gracias a una combinación de datos de genomas y fósiles, tal y como muestra un estudio publicado por Nature.
La investigación, a cargo de científicos de la Universidad británica de Bristol, buscaba mostrar la evolución del planeta "como un todo", a pesar de que el registro fósil de la vida temprana está "extremadamente fragmentado y deteriorado", según los autores.
"El problema con el primer registro fósil de la vida es que es muy limitado y difícil de interpretar: un nuevo análisis cuidadoso de algunos de los fósiles más antiguos ha demostrado de hecho que son cristales, no fósiles", señaló la responsable del estudio, Holly Betts, en la revista científica británica. No obstante, los fósiles no fueron los únicos elementos analizados para unir todos estos años de evolución.
"Los fósiles no representan la única línea de evidencias para comprender el pasado. Existe un segundo registro de vida preservado en los genomas de todos los seres vivos", agregó el profesor Philip Donoghue, coautor de la investigación. En base a esto, los responsables del estudio decidieron combinar los datos fósiles y de genomas para desarrollar una escala de tiempo sobre la historia de la vida en la Tierra sin que esta dependiera de la edad "siempre cambiante" de las evidencias fósiles.
Según reveló el profesor David Pisanim, los resultados indicaron que "dos linajes de vida primarios surgieron 1.000 millones de años después del último antepasado común universal (conocido como LUCA, por sus siglas en inglés)", el cual es el hipotético primer ser vivo del que descienden todos los existentes.
"Usando este enfoque pudimos demostrar que LUCA ya existía hace 4.500 millones de años, no mucho después de que la Tierra impactara contra el planeta Theia (Tea), el acontecimiento que llevó a su esterilización y a la formación de la Luna", agregó.
Esta evidencia, destacaron, "es una prueba del poder de la información de los genomas, ya que sería imposible identificar y obtener estos datos en base a la información fósil disponible". La investigación estuvo financiada por los consejos británicos de Investigación del Medio Ambiente y de la Biotecnología y las Ciencias Biológicas.

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