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El devastador terremoto de 7,7 empeora el futuro incierto de Myanmar, azotado por una crisis económica y una sangrienta guerra civil
Más datos En Myanmar actualmente hay 3,5 millones de desplazados internos en el país y otros cientos de miles podrían verse forzados a abandonar sus hogares. Más de 6,5 millones de niños necesitaban ayuda humanitaria antes del terremoto.

Resumen IA supervisado
El terremoto de magnitud 7,7 que golpeó Myanmar el 28 de marzo ha dejado más de 3.300 muertos y 5.000 heridos, agravando la crisis humanitaria en un país ya devastado por la guerra civil desde el golpe de Estado de 2021. La Junta Militar y sus opositores, el Gobierno de Unidad Nacional, se acusan mutuamente de violar los alto el fuego pactados para no empeorar la situación de las zonas afectadas; mientras la población enfrenta escasez de recursos y desplazamientos masivos. ONGs destacan la urgente necesidad de paz y asistencia humanitaria. La infraestructura destruida y la falta de agua, electricidad y comunicaciones complican la situación, especialmente para los niños, quienes ya sufrían las consecuencias del conflicto.
* Resumen supervisado por periodistas.
El terremoto de magnitud 7,7 en la escala de Richter que el pasado 28 de marzo sacudió Myanmar, antigua Birmania, y que deja más de 3.300 muertos y 5.000 heridos; no ha hecho más que agravar la situación que ya se vivía anteriormente en el país, azotado pro una guerra civil desde el 2021, cuando la Junta Militar que ahora gobierna dio un golpe de Estado y se hizo con el poder, lo que llevó a los opositores a huir; y a la grave crisis económica que atraviesan.
La población del país atraviesa una grave crisis humanitaria tras décadas de conflicto armado. Una situación que empeoró con el golpe de Estado de febrero de 2021 y a raíz del que no cesan los bombardeos sobre el territorio. A pesar de que la Junta Militar ha anunciado un supuesto alto el fuego temporal, sus opositores en el exilio, el Gobierno de Unidad Nacional, les acusan de habérselo saltado y haber lanzado nuevos ataques, algunos de ellos sobre los territorios afectados por el terremoto. Lo que ha incrementado en 68 los fallecidos.
Una tregua a la que también se sumaron algunas facciones rebeldes, aunque las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos han alertado de la posibilidad de que los enfrentamientos continúen. Haider W. Yaqub, director de la ONG Plan International en Birmania, ha lamentado en declaraciones con Europa Press que la situación en el país asiático es "desastrosa" y ha recalcado la "necesidad de paz" entre la población civil.
Tras esto, ha lanzado un mensaje a los dos bandos enfrentados y les ha responsabilizado de no darse cuenta de las necesidades de los birmanos. "Espero que acaben entendiendo que hay que tomar las decisiones adecuadas para la gente, y esto requiere lograr la paz", ha apuntado.
Según esta fuente, en Myanmar actualmente hay 3,5 millones de desplazados internos en el país y otros cientos de miles podrían verse forzadas a abandonar sus hogares, tanto por la devastación causada por el fuerte sismo como por la guerra civil.
Escasez de recursos y casas reducidas a escombros
También agrava la situación de los birmanos la escasez de recursos, así como la dificultad para hacérselos llegar a las zonas devastadas por el terremoto después de que la infraestructura pública, entre ellos puentes, haya quedado destrozada por el temblor. Esto agrava la situación de las zonas afectadas, especialmente de Mandalay -cerca de donde se produjo el terremoto-, Sagaing y Shan, que son las que han sufrido los daños más graves.
La población de estas zonas, como denuncia Yaqub, "lleva varios días consecutivos sentada en la calle, a la espera de que pase algo" y con temor a las réplicas, que "son muy recurrentes". "Es poco seguro y no se sabe lo que va a pasar. Es un ambiente de incertidumbre", ha dicho.
Zonas donde abundaba la pobreza y las construcciones inestables, así como los asentamientos informales y los barrios de chabolas, que han sido los más afectados por el terremoto. Una población que, por el momento, no puede volver a su casa porque muchas han quedado reducidas a escombros.
A esta catástrofe se suma que los hospitales que quedan y no fueron destrozados, están desbordados. Especialmente en la zona de Mandalay, por lo que son muchos los que optan por llevar por su cuenta a sus heridos a centros que se encuentran a fueras de la ciudad. "La gente que puede permitírselo ha enviado a sus familias a otras zonas, pero quienes no tienen a nadie tienen que quedarse", ha narrado Yaqub.
"Nunca he visto nada así"
La directora de comunicación de la organización World Vision, Naw Phoebe, ha asegurado que se trata de una situación sin precedentes y ha enumerado las principales necesidades de la población local, entre las que se encuentran alimentos, productos básicos, sábanas, mantas, así como material higiénico y de cocina. "Nunca he visto nada como esto", ha alertado.
"El olor a muerte está en el aire, se te rompe el corazón al ver tal grado de devastación", ha expresado. En ciudades como Mandalay y en las localidades cercanas, las "carreteras están fuertemente dañadas, los edificios se han derrumbado y mucha gente está durmiendo en la calle. Tienen miedo y lo han perdido todo".
Consciente de la devastación, ha instado a las partes implicadas en el conflicto civil a "dar prioridad a la protección de los civiles y a los trabajadores humanitarios", así como "facilitar su movimiento hacia zonas más seguras". También ha hecho un llamamiento para poner fin a la violencia contra las mujeres y ha señalado que es de vital importancia "cumplir las normas del Derecho Internacional y respetar los Derechos Humanos".
"Tenemos que actuar ya. A cada minuto que esperamos, niños y padres están en peligro. Tenemos que lograr recursos y financiación de forma urgente para proteger a los civiles y a los trabajadores humanitarios. Juntos podemos evitar más sufrimiento y dar a los niños una oportunidad para tener un futuro más brillante y seguro", ha manifestado.
Necesitan ayuda urgente
Desde Médicos Sin Fronteras han evidenciado las carencias básicas que atraviesa el país, y han destacado la escasez de agua, tanto en "calidad como en cantidad"; que está generando "problemas en términos de supervivencia inmediata". Esto provoca, a su vez, un problema de "supervivencia inmediata", pero también a largo plazo, porque puede generar "epidemias" que anima a evitar el coordinador de la organización en Rangún, Mikhael De Souza.
"El agua, la electricidad y las redes telefónicas constituyen carencias sustanciales y son un problema para la supervivencia de la mayoría de las personas damnificadas por el terremoto", ha zanjado.
Además, la representante adjunta de UNICEF, Julia Rees, ha avanzado que las necesidades de los más pequeños "aumentan cada hora" después del terremoto. Y, es que, este no ha hecho más que agravar su situación: datos previos al temblor reflejaban que más de 6,5 millones de niños necesitaban ayuda humanitaria y que uno de cada tres desplazados es menor de edad.
"La crisis sigue. Los temblores continúan. Las operaciones de búsqueda y rescate continúan. Se siguen sacando cadáveres de entre los escombros y los niños siguen esperando ansiosos para reunirse con sus padres desaparecidos", ha sostenido, al tiempo que ha confirmado que el "trauma psicológico es inmenso" para una infancia que "ya vivía sumida en el conflicto y el desplazamiento".