Una idea descabellada
Trump y su idea de que todas las empresas fabriquen en EEUU: un deseo que se desmonta con el modelo de Nike, Apple o Ford
¿Por qué es importante? Lo que quiere conseguir Trump con el muro arancelario que aísla a Estados Unidos es centralizar toda la economía mundial en su país. Es decir, lo que aspira es a que toda empresa fabrique sus productos en EEUU, lo que implicaría trasladar las cadenas de producción mundiales a su país.

Resumen IA supervisado
Los aranceles de Trump buscan centralizar la economía global en Estados Unidos, incentivando la producción local de empresas extranjeras. Sin embargo, esta estrategia choca con la realidad de cadenas de producción globalizadas, como la del iPhone, que depende de 40 países para su fabricación. Empresas icónicas como Nike y Ford también son ejemplos de esta complejidad. Nike produce casi exclusivamente fuera de EE.UU., y Ford depende de componentes de múltiples países. El objetivo de Trump de fomentar la manufactura nacional es inviable debido a la globalización del comercio, el casi pleno empleo en EE.UU. y sus políticas restrictivas de inmigración.
* Resumen supervisado por periodistas.
¿Qué hay detrás de los aranceles de Trump? Pensar que el presidente de EEUU da bandazos sin sentido y sin seguir una estrategia es ser muy ingenuo. Todos los movimientos del ultra están calculados al milímetro y sus gravámenes mundiales no iban a ser menos. Y lo que quiere conseguir Trump con el muro arancelario que aísla a Estados Unidos es centralizar toda la economía mundial en su país. Es decir, lo que aspira es a que toda empresa fabrique sus productos en EEUU, lo que implicaría trasladar las cadenas de producción mundiales a su país. Una idea tan descabellada, como surrealista.
Sin embargo, el cuento de hadas de Trump es eso, un mero cuento de hadas. La realidad es totalmente diferente y se desmonta con un ejemplo de lo más práctico: el IPhone. El dispositivo emblema de Apple es todo menos Made in USA. Su producción es un rompecabezas global que involucra a 40 países, cada uno aportando piezas y tecnología clave.
La pantalla táctil se fabrica en Japón y Corea del Sur. Gran parte de sus chips, en Taiwán. El giroscopio, esencial para la orientación del dispositivo, proviene de Europa. Y los minerales esenciales para la batería y otros componentes se extraen en Mongolia. Todo esto se ensambla en gigantescas fábricas de China e India. ¿La contribución de EEUU? Solo el procesador.
Imaginen llevar toda esa cadena de producción a Estados Unidos para que Apple no sufra los aranceles de Trump. Una misión casi imposible. Ocurre lo mismo con otros bienes que siempre se han vendido como marca Estados Unidos como las zapatillas de Nike o los coches de Ford.
Nike y Ford, otras empresas que tumban el deseo de Trump
Tiene su sede en Oregón, pero casi todos los productos de Nike se fabrican fuera de Estados Unidos. Principalmente en Vietnam, China e Indonesia, países que han recibido aranceles de lo más duros. Allí trabajan, en total, unas 800.000 personas, frente a las 14.000 que lo hacen en su país de origen.
Si hablamos de calzado, estos tres países acaparan casi la totalidad de la producción de esta marca estadounidense que también se va a ver afectada por los aranceles de Trump. Sus principales fabricantes arrastrarán, a partir de ahora, impuestos de hasta el 54%. El objetivo teóricamente es impulsar la manufactura estadounidense, hacer que todas estas zapatillas se fabriquen en Estados Unidos. Algo que, a día de hoy, parece imposible.
Lo que pretende Trump es una vuelta a un sistema de comercio en el que solamente produces lo que consumes y eso es absolutamente inviable. Y más teniendo en cuenta las políticas y la ideología de Trump. Y más importante aún, ¿de dónde van a sacar los empleados? Estados Unidos, hoy por hoy, está casi en pleno empleo y están cerrando las fronteras porque no le gustan los inmigrantes a Trump, cosa que tampoco favorece a la creación de empleo.
Algo parecido pasa con las empresas automovilísticas. La multinacional Ford, de origen también estadounidense, se nutre de fábricas de casi una decena de países. Recibe componentes de Canadá, Japón, Alemania, Polonia o Colombia para dar forma a coches como este que poco tiene de estadounidense.