Un padre llega a una comisaría con su bebé de 21 días en brazos. El niño se ha atragantado mientras bebía leche, está inconsciente, no respira y su corazón apenas late. Rápidamente los agentes se disponen a hacer el boca a boca y a realizar un masaje cardíaco. Mientras, la madre del bebé grita y llora de pura desesperación.
Los policías vuelven a repetir las maniobras de reanimación una y otra vez, los padres no quieren ni mirar. Finalmente, casi un minuto después lo consiguen. "Fue una alegría ver al niño consciente, con los ojos abiertos y con el corazón latiendo con normalidad", ha dicho Robson de Souza, uno de los policías que salvó al bebé.
Los padres, aliviados, rompen a llorar. "Fue todo muy rápido, la sensación de adrenalina nos tomó en un momento de desesperanza. Yo no recuerdo nada, sólo recuerdo a mi marido corriendo y gritando con el bebé en brazos", ha explicado Kelly Celestino, la madre.
Una de las claves fue que la comisaría se encuentra a tan sólo 500 metros del hogar de la pareja. La otra, la heroica actuación de unos policías que jamás se habían enfrentado a esta situación. Pasado el disgusto, los padres se funden en un abrazo con sus salvadores, a los que estarán eternamente agradecidos.

Nueva borrasca
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