Tudorita nos advierte: "Nunca he probado coche como este. El mío es muy pequeño y solo lo he cogido tres veces". Casi estrenamos el carnet de conducir con ella, gitana rumana de 41 años y con cuatro hijos. Vive en la Cañada Real y es la única de su familia que conduce y trabaja.
"Nueve minutos tardo en llegar. Sin el coche, tardo una hora", afirma Tudorita a laSexta. El carnet le ha facilitado la vida. Aunque sin darse cuenta circule por el carril bus, el teórico se lo sacó al a primera; el práctico, a la tercera. Y no se pone nerviosa.
Ha ganado en confianza: "Estoy segura de lo que soy capaz de hacer". Nada le para, ni los semáforos ni los estigmas; ni los de fuera, ni los de dentro de su sociedad. Le preguntamos: ¿a algún hombre de su familia o de su entorno no le ha parecido bien que se saque el carnet? Ella responde: "Sí, pero los primeros que han saltado de alegría son mis hijos. A mi pareja no le ha encantado tanto".
Como ella, Pilar, Rosario y otras 23 mujeres también gitanas consiguen el carnet de conducir gracias a una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Artemisa. Se hacen fuertes. "Frente a alguien que les pueda decir que no valen, ellas se animan unas a otras y ven que lo sacan", cuenta Teresa Maldonado, directora de Igualdad en el Ayuntamiento de Madrid.
Ellas lo ratifican: "El empoderamiento ha llegado a las gitanas". El carnet ya es un sueño cumplido. El próximo, según nos ha contado Tudorita: "Lo que me gustaría a mí es un coche bonito".

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