La espera se cobra vidas

Crisis en el sistema de dependencia de España: una persona fallece cada 15 minutos mientras espera atención

Los datos A pesar del récord histórico de 12.000 millones de euros destinados al sistema de dependencia, la falta de recursos y una espera de hasta 334 días agravan la tragedia, que deja más de 94 muertes diarias en 2024.

Una señora espera en silla de ruedas

El sistema de dependencia en España se encuentra al borde del colapso. Cada 15 minutos, una persona fallece sin haber recibido la asistencia que necesita. En 2024, un total de 34.352 personas murieron en listas de espera, lo que equivale a 94 muertes diarias. Mientras tanto, otras 270.000 personas siguen esperando, atrapadas en un laberinto burocrático que podría tardar diez años en resolverse si no se toman medidas urgentes.

El drama de la dependencia en España no se debe solo a la falta de recursos, sino también a una gestión ineficaz y a una estructura que no está preparada para atender la creciente demanda. A pesar de que en 2024 el presupuesto para dependencia alcanzó un récord histórico de 12.000 millones de euros, la inversión sigue siendo insuficiente.

España destina apenas el 0,8% de su PIB a este sector, muy por debajo del 2,5% de media en la Unión Europea. Esta diferencia no solo evidencia el rezago en la financiación de los servicios sociales, sino que también condena a miles de personas a un tiempo de espera inasumible.

Tiempos de espera insostenibles

El promedio de espera para recibir una respuesta en el sistema de dependencia es de 334 días, casi un año entero en el que las personas más vulnerables –mayores con enfermedades crónicas, personas con discapacidad y familias sin recursos suficientes– permanecen en una incertidumbre devastadora. Para muchas de ellas, la espera equivale a una condena de muerte.

Además, la distribución de la asistencia es desigual en el territorio español. Mientras algunas comunidades autónomas han logrado reducir los tiempos de respuesta, otras superan ampliamente la media, dejando a los afectados en una situación aún más precaria. La burocracia, la falta de personal y la escasez de plazas en residencias y centros de día agravan un problema estructural que lleva años sin una solución efectiva.

Una crisis que requiere soluciones urgentes

Si la situación no cambia, se necesitarán al menos diez años para atender a todas las personas en lista de espera. Este colapso se ha convertido en una cuestión de vida o muerte, donde los más vulnerables siguen esperando su turno mientras la Administración se enfrenta a un reto estructural urgente e imparable.

La previsión demográfica indica que la población está envejeciendo rápidamente, lo que incrementará aún más la demanda de estos servicios en los próximos años. Sin una inversión acorde con las necesidades reales y una reforma profunda en la gestión, el sistema continuará fallando a quienes más lo necesitan.