San Sebastián, 1999. Ernest Lluch, ministro de Sanidad socialista, daba un discurso que la izquierda abertzale intentó boicotear. Lluch, lejos de amedrentarse, se enfrentó de manera directa con los manifestantes.
"¡Qué alegría llegar a esta plaza y ver que los que ahora gritan antes mataban, y ahora no matan! ¡Qué alegría, solamente gritan, sólo gritan!", les decía a los simpatizantes del terror de ETA.
Con ese discurso, dejaba claro que ETA ya no amedrentaba. "No saben que han cambiado las cosas. No saben que han cambiado las cosas en este país", afirmaba. Un año y medio después, ETA le mataba con dos tiros por la espalda.
Ante un millón de personas, la periodista Gemma Nierga pedía a los políticos que dialogasen con ETA para acabar con el terror. Fue en la concentración de repulsa por el atentado. "Ustedes que pueden, dialoguen, por favor", les pedía.
"¡Gritad más, qué gritáis poco, que no sabéis gritar!", le decía Lluch a los cómplices del terror. Ese fue el legado del hombre que nos enseñó a gritar para enfrentar a ETA.
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