¿OTAN sí o no?
España en la OTAN: ¿escudo de seguridad o sumisión a intereses extranjeros?
¿Qué están diciendo? Mientras unos defienden su valor estratégico ante amenazas globales, otros advierten que supone una pérdida de autonomía y un aumento del gasto militar impuesto desde el exterior.

El papel de España en la OTAN vuelve a estar en el centro del debate político y social. La organización, creada en plena Guerra Fría como un escudo militar frente a la Unión Soviética, ha evolucionado con los años, pero sigue generando divisiones. Mientras algunos la consideran imprescindible para la seguridad del país, otros la ven como un instrumento de Estados Unidos que compromete la soberanía española.
Las recientes tensiones geopolíticas, desde la guerra en Ucrania hasta la creciente rivalidad entre Occidente y potencias como Rusia y China, han hecho que la OTAN recupere protagonismo. Y en España, el Congreso ha reflejado esta división: partidos de derecha y centro defienden el papel de la alianza, mientras que sectores de la izquierda y formaciones nacionalistas muestran su rechazo o, al menos, un escepticismo creciente. Pero, ¿cuáles son realmente las ventajas y desventajas de seguir formando parte de la OTAN?
Las razones para seguir en la OTAN
España, como la mayoría de los países, no puede garantizar su defensa en solitario. Las guerras modernas requieren una combinación de inteligencia, armamento avanzado y cooperación internacional. La pertenencia a la OTAN ofrece un paraguas de seguridad en caso de amenaza externa. En términos concretos, el artículo 5 del tratado de la OTAN establece que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos, lo que significa que España contaría con el respaldo militar de países como Estados Unidos, Francia o Alemania en caso de conflicto.
El simple hecho de estar en la OTAN reduce la probabilidad de que España sea objetivo de una agresión militar. Un país enemigo sabría que cualquier ataque desencadenaría una respuesta conjunta de toda la alianza. Esta capacidad disuasoria es especialmente importante en un momento en el que las amenazas híbridas —ciberataques, desinformación, sabotajes— están en aumento.
Pertenecer a la OTAN no es solo un asunto militar; también es político. España tiene un asiento en la mesa donde se toman decisiones clave sobre seguridad internacional. Esto le permite interactuar directamente con potencias globales como Estados Unidos, Reino Unido y Turquía, y tener voz en la estrategia de la organización. Además, militares españoles ocupan puestos de alto nivel en la estructura de mando de la OTAN, lo que refuerza el peso del país en la esfera internacional.
Ser parte de la OTAN exige estándares de calidad y operatividad militar elevados. España ha tenido que modernizar sus fuerzas armadas y actualizar su tecnología para cumplir con los compromisos de la alianza. Esto no solo mejora la capacidad de defensa del país, sino que también facilita la interoperabilidad con otros ejércitos aliados.
Las críticas y desventajas de la OTAN
Uno de los argumentos más utilizados contra la OTAN es la presencia de bases militares estadounidenses en suelo español, como las de Rota y Morón. Quienes critican esta situación afirman que España pierde soberanía al permitir que tropas extranjeras operen dentro de su territorio. Además, sostienen que estas bases convierten a España en un objetivo potencial en caso de un conflicto que involucre a Estados Unidos.
Otro punto de crítica es que la OTAN, en la práctica, sigue siendo una organización dominada por Washington. Las decisiones estratégicas suelen alinearse con los intereses de Estados Unidos, lo que para algunos implica que España está subordinada a la agenda geopolítica estadounidense. Esto se ha visto en conflictos como la guerra de Irak o la intervención en Afganistán, donde la participación de España generó un fuerte debate interno.
Algunos sectores cuestionan la efectividad de la OTAN en la prevención de conflictos. Señalan que la alianza no ha logrado frenar guerras como la de Ucrania, ni ha intervenido para detener abusos en conflictos como el de Israel y Palestina. Desde esta perspectiva, la OTAN no es tanto una organización de defensa como una herramienta que, en ocasiones, agrava las tensiones globales.
Ser miembro de la OTAN no es gratuito. La alianza exige que los países inviertan al menos un 2% de su PIB en defensa, un compromiso que España aún no ha cumplido, pero que se ha convertido en una presión creciente. Con una economía marcada por desafíos como la inflación y la deuda pública, algunos consideran que estos recursos deberían destinarse a otras prioridades en lugar de aumentar el gasto militar.
¿Qué piensan los españoles?
La opinión pública sobre la OTAN ha variado con el tiempo. En 1986, un referéndum confirmó la permanencia de España en la alianza con un 57% de votos a favor. Sin embargo, con la Guerra Fría en el pasado y nuevas dinámicas globales en juego, la percepción de los ciudadanos ha cambiado.
En 2022, el CIS preguntó a los españoles por su opinión sobre la OTAN. Los resultados mostraron que casi tres cuartas partes tenían una visión positiva de la organización, mientras que alrededor del 15% tenía una imagen negativa. El resto se mostraba indiferente o no tenía una opinión clara.
Sin embargo, estos datos podrían no reflejar la realidad actual. La guerra en Ucrania, las crecientes tensiones con Rusia y la evolución del panorama político en España pueden haber modificado esta percepción.