Una jugada más

El mundo tiembla, pero Trump juega al golf: la ofensiva arancelaria como parte de su estrategia de 'todo por negocio'

La otra cara
Con las bolsas globales en caída y Europa bajo presión, Trump prefiere un torneo de golf, dejando claro que su única preocupación es mover el tablero a favor y hacer negocio, sin importar el caos mundial.

El mundo tiembla, pero Trump juega al golf: la ofensiva arancelaria como parte de su estrategia de 'todo por negocio'

Los mercados tiemblan. Las bolsas globales se tiñen de rojo. En las cancillerías europeas se cruzan cables urgentes para responder a la nueva ofensiva arancelaria de Estados Unidos. Y en Lituania, tres soldados estadounidenses caídos son despedidos con honores tras un nuevo indecente militar en suelo aliado.

Pero Donald Trump, el hombre que en gran medida ha encendido todas estas mechas, tiene otra agenda. Este fin de semana ha asistido, sin complejos ni explicaciones, a un exclusivo torneo de golf en su club de Florida. El evento, patrocinado por Arabia Saudí —símbolo de la diplomacia del dinero que lo caracteriza— no solo se convirtió en un escaparate internacional, sino en una reunión de posibles inversores.

Tras el torneo, rumbo directo a Mar-a-Lago, sin espacio ni intención de recibir los féretros de sus compatriotas caídos en el exterior. Todo forma parte de un mismo guion. Uno donde los honores, el protocolo o el dolor ajeno no tienen cabida si no son rentables.

Aranceles como amenaza, no como herramienta

La nueva batería de aranceles impuesta por Trump a productos europeos no ha sorprendido a nadie en Bruselas. Pero sí ha generado una reacción: no de firmeza, sino de dudas. Porque detrás de cada cifra impuesta hay un mensaje político: es ahora la Unión Europea quien debe mover ficha.

Esa es la clave de su estrategia: presionar primero, negociar después...si hay algo que ganar. Lo ha hecho con China, lo hace ahora con Europa. En los años noventa, Trump acumuló fracasos empresariales con una facilidad pasmosa. Pero aprendió. Hoy sabe que el poder no está en construir, sino en intimidar y rentabilizar la amenaza.

China, su eterno rival, no ha tardado en devolver el golpe: un 34% de aranceles a productos estadounidenses. Trump, fiel a su manual, ha restado importancia al contraataque y ha llamado a no entrar en pánico. El pánico insiste, es para los que no saben negociar.

La otra batalla: TikTok y el botín tecnológico

Como si el pulso arancelario no bastara, Trump mantiene en vilo a las grandes tecnológicas estadounidenses con un ultimátum: TikTok debe romper lazos con Chinao será prohibida.

Lejos de una medida de seguridad nacional, la jugada parece más bien diseñada para forzar una venta que beneficie a compañías afines. Amazon, Oracle y hasta OnlyFans pujan desde hace semanas por hacerse con la red social que domina la atención de los jóvenes. El plazo expira este sábado. Y Trump sabe que, gane quien gane, él cobrará por la función.

Porque ese es el modelo Trump: convertir el conflicto en espectáculo. El miedo en moneda. La geopolítica, en propiedad privada.

De los dólares a los delirios: billetes falsos con su cara

En otro gesto que bordea lo surrealista, el presidente ha lanzado una edición especial de billetes de dos dólares con su rostro. Se venden por casi 20 dólares cada uno. Un guiño a su base más fiel, pero también una demostración de hasta qué punto puede monetizar su imagen, incluso con imitaciones burdas del símbolo máximo del sistema que dice representar.

Como ha advertido su propio hijo en los últimos días: "Con Trump, el primero gana y el último pierde". Y en esa máxima está resumida su visión del poder: una carrera de trampa, codicia y cálculo, donde no todos llegan a la meta… pero él siempre se lleva el premio.

Mientras tanto, en Europa se buscan alianzas. En Asia se preparan respuestas. En Estados Unidos se venden billetes falsos. Y en un club de golf de Florida, el presidente observa el tablero global con una copa en la mano. No juega por la paz. Juega por el beneficio. Y va ganando.