Allende sigue vivo

Salvador Allende, el líder que transcendió Chile y se convirtió en un mito de la democracia global

El contexto
Isabel Allende, Maya Fernández Allende y Marcela Sandoval renuncian tras ser acusadas de infringir la ley que impide a funcionarios vender al Estado. El conflicto surgió por la venta de la casa de Salvador Allende.

Salvador Allende, el líder que transcendió Chile y se convirtió en un mito de la democracia global

Tres figuras prominentes del gobierno de Chile se han visto forzadas a abandonar sus cargos debido a un polémico conflicto de intereses relacionado con la venta de la histórica casa de Salvador Allende al Estado chileno.

Isabel Allende, hija del fallecido presidente y símbolo de la izquierda chilena, fue destituida como senadora tras la intervención del Tribunal Constitucional. La misma suerte corrió Maya Fernández Allende, su nieta y exministra de Defensa, quien también renunció a su cargo tras el escándalo. Asimismo, Marcela Sandoval, quien no tiene vínculos sanguíneos con la familia Allende, pero ocupaba el puesto de ministra de Bienes Nacionales, presentó su dimisión por la misma razón.

El gobierno chileno había adquirido la casa ubicada en la localidad de Santiago por una cifra cercana a los 930.000 euros, con el fin de preservarla como un museo en homenaje a la figura de Salvador Allende.

No obstante, la ley chilena establece que los funcionarios públicos no pueden realizar transacciones con el Estado, lo que generó una serie de renuncias que afectan no solo a las figuras políticas involucradas, sino que también ha reavivado el debate sobre los límites entre la memoria histórica y las normas legales vigentes.

Este incidente ha desatado una ola de cuestionamientos sobre el manejo del legado de Allende, una figura que sigue siendo venerada por muchos, tanto en Chile como en todo el mundo. Salvador Allende, quien prefirió morir antes que rendirse a los militares golpistas en el asalto al Palacio de La Moneda en 1973, ha sido convertido en un símbolo de la lucha por la democracia y la justicia social.

Su muerte en circunstancias tan dramáticas y su firme resistencia frente al golpe de Estado consolidaron su figura como un héroe para la izquierda internacional, como señala Misael Arturo López Zapico, estudioso de la figura de Allende y uno de los autores de 'Chile 50 años' de Los libros de la Catarat.

Allende no solo es recordado por su sacrificio final, sino también por su legado político. En vida, se destacó por su intento de alcanzar el socialismo democrático, buscando un camino pacífico para transformar la sociedad chilena mediante la voluntad popular.

A lo largo de su gobierno, implementó reformas clave como la nacionalización de empresas estratégicas y la reforma agraria, con la ambiciosa intención de reducir la desigualdad y la explotación de los recursos naturales en beneficio del pueblo chileno, como recuerda Mario Amorós, biógrafo de Allende y de otras figuras de la izquierda publicadas en Akal y Ediciones B. Sin embargo, el golpe de Estado de 1973, orquestado por los militares y respaldado por potencias extranjeras, puso fin a su mandato y a sus sueños de un Chile socialista.

A lo largo de las décadas, la figura de Salvador Allende ha sido un referente político para las nuevas generaciones de izquierda. A pesar de que sus propuestas y la situación del país han cambiado profundamente desde los años 70, sus ideales siguen siendo fuente de inspiración para muchos.

Líderes internacionales como Felipe González, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en España, entre otros, han recordado su legado como un referente para las luchas democráticas en América Latina y el mundo.

Sin embargo, el tiempo ha reducido el impacto de algunas de sus ideas, y las circunstancias que vivió en su época parecen pertenecer a un sistema político que ha cambiado radicalmente en más de 50 años. Las generaciones más jóvenes en Chile, y en otras partes del mundo, ya no comparten todas sus ideas, aunque la figura de Allende sigue siendo un símbolo poderoso de resistencia contra las injusticias.

Pese a los desafíos que enfrenta la figura de Allende en la actualidad, su discurso final, transmitido por radio antes de su muerte, sigue resonando con fuerza en el presente. En este mensaje, dirigido a la nación chilena y al mundo, Allende expresó: "Los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos".

Estas palabras, pronunciadas en los momentos más oscuros de su vida, siguen siendo un faro para aquellos que luchan por la justicia y la democracia, y reflejan la convicción de que el cambio social solo puede surgir de la voluntad popular y no de la opresión.

Además, Allende dejó un mensaje de esperanza y resistencia: "El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse".

En una declaración que todavía inspira, afirmó con optimismo: "Más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor". Estos ideales, a pesar de la distancia temporal, continúan siendo un referente para aquellos que aún sueñan con una sociedad más justa y equitativa.